Salas de consumo controlado de sustancias

Una encuesta del sistema de salud pública, citada por Hurtado Pozo, estimó que en 1979 existían 5700 casos graves de drogodependencia, en su mayoría a la heroína: “En 1985, esta cifra había aumentado a 9500”. Por esos años, la epidemia de VIH y de hepatitis C, debido en buena parte al uso de drogas inyectables, hizo repensar las estrategias de abordaje de los médicos, psiquiatras y activistas sociales. Comenzaron a distribuirse, por distintos medios, agujas y jeringas estériles, aunque no era una conducta, en principio, autorizada por la ley vigente, como señaló la investigadora Joanne Csete, en un trabajo del Programa de Políticas Globales sobre Drogas.

La represión policial tuvo resultados impensados. Así lo recuerda Jakob Huber, presidente de la asociación Contact Netz: “La mayoría de los usuarios problemáticos vivían en departamentos precarios, en condiciones difíciles. Los dealers estaban afuera, en la calle, allí compraban. Pero no volvían a casa, tenían miedo de que la policía los siga. Entonces consumían en la calle. La policía reprimió fuertemente. Y de a poco, ellos se fueron juntando en un parque. La represión los juntó. Muchos también vendían para solventar lo suyo. En el parque todos compraban y se inyectaban. O iban a hacerlo en baños públicos o en algún pasaje”.

Las escenas abiertas en el parque Kocher en Berna, muy cerca de la casa de Gobierno, y en la plaza Spitz en Zurich conmovieron al resto de la sociedad suiza y fueron conocidas mundialmente en su momento. En caso de Zurich, según afirma Csete, a mediados de la década de los 80, las autoridades sanitarias del cantón adiviertieron que revocarían las licencias médicas a quien encuentren distribuyendo jeringas. “En respuesta, alrededor de 300 médicos y médicas del cantón firmaron una declaración diciendo que seguirían intentando distribuir jeringas de todas formas”. La legislatura local terminó accediendo al pedido y votó una norma para garantizar el servicio.

En 1986, sobre el pasaje Munster número 12, al frente de la catedral de Berna, la asociación Contact Netz (entonces se llamaba Contact Berne) abrió una casa de acogida para brindar, en principio, contención social a los usuarios: un oído amigo, consulta médica, café, té, gaseosas, sándwiches, preservativos y jeringas descartables. El lugar funcionaba casi como un refugio. Diariamente, había cincuenta personas dentro y otras 200 fuera, esperando su turno. La policía estaba desorientada ante el fenómeno.


 

Documentación

Dictamen legal que permitió el funcionamientos de las salas de consumo (FR) pdf